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Noemi Aichele, #VoluntarioGlobal en Brasil

Proyecto Smarketing en Recife, Brasil

Fui una de esas personas que solo tomo sus cosas y se fue. No sabía donde llegaría, quien me iría a buscar, como era la ciudad, en realidad no sabía nada de lo que ocurriría cuando llegara.  El proyecto contemplaba la duración de 6 semanas, desde febrero, donde mi misión sería trabajar en la parte de marketing y redes sociales con una ONG y de esta manera poder aportar a quienes trabajan para un beneficio social sin recibir algún beneficio monetario por ello.

Noemi Aichele, Voluntario Global en Recife

Al llegar allá, conocimos a muchísima gente, pasantes de distintos proyectos que habían elegido la misma ciudad, y desde entonces nos hicimos un grupo de amigos donde hacíamos todo juntos, desde salir a conocer la ciudad, a organizar salidas a ciudades cercanas. Fue muy hermoso compartir con gente de distintas nacionalidades, aprendes a conocer su cultura, costumbres y lenguaje, que aunque ambos hablemos español, tienen formas un poco distintas de querer decir lo mismo.

La segunda semana nos derivaron a una ONG, conocimos a la encargada de la institución, a las niñas, ya que era una organización de niñas con problemas sociales, donde para mí al menos fue muy difícil poder comunicarme con ellas, ya que venían de círculos sociales con muchos problemas y hablaban en jergas y con muchas palabrotas. Pero con nosotras eran muy amorosas y tuvimos un muy buen trato.

Noemi Aichele, Voluntario Global en Recife

En general no hubo problemas para acostumbrarme a otra cultura y forma de vida, lo disfrute mucho, fue un desafío para mí el estar en una ciudad donde no conocía a nadie, las distancias eran grandes, hablaban otro idioma, y comían otro tipo de comidas completamente distintas. Un mes viviendo en estas condiciones lejos de tu zona de confort te hacen ver la vida desde otra perspectiva, crecer como persona y amar cosas simples y bellas que solo conoce la gente que viaja.

Noemi Aichele, Voluntario Global en Recife

Leonardo Santos, #VoluntarioGlobal en Valparaíso

¿Qué pensar cuando uno se va de su país y llega a la casa de desconocidos para pasar dos meses, mientras participa en su voluntariado?

Pues bien, en un primer momento me pareció una idea rara, y sobretodo a mi familia en Brasil. Mi mamá se preocupó si iban a recibirme bien, si iba a comer bien, y todas esas preocupaciones de madres. Pero no podríamos imaginar lo bien que me lo pasaría con ellos, los cuales digo hoy que son mi familia chilena.

Mi voluntariado era en Valparaíso, pero vivía en Quilpué, en la casa de Don Moisés y Mauro, junto con otros dos intercambistas, un mexicano y otro brasileño. Y siempre estaban en la casa otras dos voluntarias brasileñas y dos salvadoreñas, nuestras amigas con quienes estábamos realizando el mismo proyecto.

Leonardo Santos con su Familia Global

Vivíamos como si fuera una familia de verdad, nuestros anfitriones se preocupaban por nosotros, más allá de ofrecernos alojamiento y alimentación, se preocupaban de nuestro ocio, de nuestra formación profesional y de enseñarnos todo lo que Chile tenia para ofrecernos: su gente, su comida y su cultura. En todo ese tiempo y gracias a todo que viví con ellos, supe que lo mejor de Chile son las personas, tan amables y afectuosas, al igual que nosotros los brasileños.

Aun mantengo contacto con ellos, los cuales un día fueron mis anfitriones, pero que pasaron a ser parte de mi familia, mi familia más allá de la Cordillera. Cuando vuelva a Chile, o cuando ellos vengan a Brasil, seguro volveremos a vernos.

Leonardo Santos con su Familia Global

En resumen, fue una bella y gran experiencia, que me hizo crecer como persona y como ciudadano latinoamericano.

Leonardo Santos es originario de Brasil
y estuvo realizando su intercambio a través del programa
Voluntario Global de AIESEC.

Francisca Recabarren, #VoluntarioGlobal en Panamá

Soy Francisca Recabarren y viajé a Panamá por el proyecto Voluntario Global.

En un principio tuve un poco de miedo, miedo por irme dos meses a otro país, sin conocer su cultura, miedo por no saber qué pasaría. Todo ese miedo se pasa cuando llegas al aeropuerto. En el momento que te reciben chicos de AIESEC, sabes que todo va bien, que no estarás sola y que cuentas con su apoyo para todo.

Francisca Recabarren, #VoluntarioGlobal

Felizmente me pude ir con tres amigos más, por lo que estábamos los cuatro en las mismas circunstancias: emocionados, con miedo, ansiosos… Un sinfín de emociones en los veinte minutos desde que nos bajamos del avión hasta que salimos del aeropuerto.

Ya luego de eso, comenzaron las aventuras, el miedo se fue y solo quedaba disfrutar de este voluntariado y conocer a todas las personas que estaban ahí por la misma razón. Conocimos a personas de diferentes países, diferentes culturas y que hablaban diferentes idiomas, pero el motivo que nos reunía a todos ahí era el mismo.

Francisca Recabarren, #VoluntarioGlobal

Todos nos atrevimos a dar ese paso. Irte de tu país por seis u ocho semanas a vivir a otro lugar, solo por vivir una nueva experiencia, por realizar este voluntariado que a muchos nos cambió la vida, nos cambió la forma de pensar, nos cambió la forma de mirar el mundo… ¡Fue increíble!

Una de las mejores experiencias que he vivido, y sin duda, recomendada en un 100%. Así que si lo están dudando, ¡HÁGANLO! ¡ATRÉVANSE! De verdad no se van a arrepentir.

Fotografías de Francisca Recabarren para AIESEC Chile

Javiera Roa, #VoluntarioGlobal en Brasil

Fui a São José Dos Campos, Brasil a vivir una experiencia que me hizo crecer mucho como persona. Todo comenzó en Valparaíso, donde los chicos de AIESEC  me motivaron y ayudaron a tomar la decisión de viajar a hacer un voluntariado en una ONG fuera del país. No fue mi primera vez en Brasil, y probablemente no sea la última, pero esta vez fue completamente diferente. Desde el primer día sentí que esto iba a ser un gran desafío.

Tuve la suerte de vivir con tres hosts que me recibieron con los brazos abiertos y que me incluyeron en sus actividades diarias como una brasileña más, por lo que pude conocer mucho sobre la cultura brasileña, conocer lugares hermosos, comer su comida (el maravilloso açaí) e incluso aprender un poco de su idioma. Ellas hicieron que me sintiera como en casa.

La ONG donde trabajé se llama Associação Humanitária Amor e Caridade, un asilo de ancianos y hogar de personas en situación de calle con necesidades especiales. En un inicio para mi fue fuerte ver una realidad completamente diferente a la que yo estaba acostumbrada, pero el conocer las historias de las personas que allí vivían me motivó a trabajar con todo el ánimo. Trabajé en el proyecto SMarketing, donde lo que se busca es que la asociación tenga mayor visibilidad y que la comunidad sepa como se puede ayudar, todo esto con el fin de juntar recursos, los cuales mes a mes eran escasos.

Aprendí bastante en este trabajo sobre el funcionamiento de una ONG, además de conocer la realidad de las personas allí viven todos los días, intentando salir adelante con lo que se puede. En la asociación conocí gente maravillosa, desde su dueño, los moradores, la gente que trabajaba y los voluntarios de distintos países con los que trabajé, con los cuáles aun tengo contacto y que agradezco mucho haber conocido.

Sin duda, viajar solo(a) es algo complejo. En mi caso, fue la primera vez que salía del país completamente sola y siempre está el miedo a lo que pueda pasar, por lo que siempre se debe tener la mayor precaución en todo para así disfrutar al máximo la experiencia.

Cuando me preguntan sobre mi viaje, siempre se lo recomiendo a todos, por que es una experiencia que te abre al mundo, te saca de tu burbuja y te hace aprender cosas que jamás pensaste. Cuando se está en la zona de confort es muy difícil aprender cosas, tienes límites. Es necesario cada cierto tiempo hacer este tipo de cosas para darte cuenta que hay muchos lugares que conocer y personas de las que puedes aprender.

Debo finalmente dar gracias a AIESEC Valparaíso y a AIESEC Vale de Paraíba que hicieron todo más fácil y se preocuparon por todos los detalles desde que decidí viajar, hasta que volví a Chile.

Fotografías de Javiera Roa para AIESEC Chile